En Tambacounda, era cierto, no había nada que hacer. Ni siquiera ir al parque Nikolokova era posible ya que era demasiado caro. Dormimos toda la mañana y después fuimos a recoger a Hussein a una estación de Sept Place (taxis que hacen recorridos de largas distancias llevando a siete personas) y le pagamos el viaje ya que se había quedado sin un duro. Cenamos en un tugurio oscuro que la guía recomendaba como de cocina internacional. El único plato que no era senegalés (que tampoco son muy variados) era una tortilla francesa. Eso sí, a elegir entre con cebolla y sin ella.
Quizás la temperatura subiera en Tambacounda con respecto a Dakar, pero la bajada en la humedad compensaba con creces. Me sentía más fresco incluso que en Dakar. Por la mañana cogí un Sept Place a Dibioli, en la frontera con Mali. Allí cogí otro con un malinés bastante grande y estuvimos a punto de compartirlo hasta Kayes. Pero en mala hora escuché al conductor quien me aseguró que no encontraría ningún Sept Place en Kayes y que era mejor coger un autobús directo a Bamako. Catorce horas me dijeron. Soportable, pensé. Comí un Chef u Chen en un restaurante, compré una botella de agua y varias cajas de galletas.
En el interior del "restaurante"
La dueña del restaurante y su hija en la puerta
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